Cómo afectan las cistitis a tu suelo pélvico

12.06.2021

Ahora que se acerca el veranito, las cistitis asoman la cabeza más que en otras etapas del año. Si solamente has tenido un encuentro esporádico con lo que se conoce como infección del tracto urinario inferior (ITU), de esas que sólo duran unos pocos días, no habrás notado cambios importantes en tu zona genital, vaginal o en tus dinámicas miccionales. 

Al menos, no debería ser así, porque nuestro organismo tiene recursos de sobra para encontrar el equilibrio y solucionar infecciones leves.

Sin embargo, si la ITU ha sido duradera, de esas que aparecen de manera recurrente y que no se resuelven en meses, es más probable que los tejidos de la vejiga y alrededores se vuelvan sintomáticos.

¿Te ha pasado eso de tener una cistitis y, a partir de entonces, empezar a notar síntomas que constantemente te anuncian la llegada de una nueva infección? 

Pero, al hacer un cultivo, no aparece ni rastro de bacteria...

Cuando se desarrolla una cistitis, no todo se queda "en esa zona". Uretra, vejiga, uréteres y riñones pueden mostrar signos de tensión elevada a medida que persisten síntomas como disuria (dolor al orinar), urgencia miccional y aumento de la frecuencia urinaria. 

Otras zonas se van sumando al pack, dando también síntomas de espasmo: suelo pélvico y músculos adyacentes, fascia pélvica, recto, útero... Todas estas estructuras aumentan su actividad neurovegetativa, sobre todo si partes de cierta hiperactividad previa a las ITUs. 

Por ejemplo, si ya había una hipertonía subyacente del suelo pélvico que ejercía presión sobre la uretra, la llegada de una racha de ITUs contribuirá a esta hiperactividad y desencadenará los síntomas urinarios.

De hecho, es posible que creas que vuelves a tener cistitis porque reaparecen esas ganas imperiosas de hacer pis, ese puñetero escozor que te pone en alerta porque te anuncia una nueva infección. 

¡Pues quizá no hay bicho! 

Quizá no tengas una cistitis de nuevo: la hiperactividad de la musculatura que rodea la uretra o la vejiga puede generar síntomas físicos que imitan una cistitis activa real.

La instauración de la disfunción del suelo pélvico en relación a una cistitis recidivante sucede en dos etapas

La ITU aguda desencadena una primera reacción neuromuscular, en la que se produce un desbalance en la liberación de calcio que altera al retículo sarcoplásmico y provoca una sobreactividad dentro del músculo. En presencia de ATP, los iones de calcio estimulan la actividad actina-miosina, aumentando la actividad metabólica. 

La liberación de neurotransmisores (serotonina, histamina, quininas y prostaglandinas) estimula los nociceptores musculares y establece un circuito neural entre el sistema nervioso central, los nociceptores y las unidades motoras.

Si esto se mantiene en el tiempo, la musculatura hiperactivada cae en una distrofia muscular, intentando adaptarse al aumento general de la actividad metabólica. Cuando ese ajuste falla, comienza la fibrosis localizada y el tejido muscular atrofiado es reemplazado por tejido conectivo menos activo metabólicamente y menos extensible. 

Llegados a este punto, el suelo pélvico puede provocar una restricción en la uretra y dificultar la micción, o puede inhibir al detrusor (el músculo que envuelve la vejiga y se encarga de activarse para vaciarla) durante el llenado y vaciado vesical. Esto da como resultando síntomas urinarios como urgencia, disuria o tenesmo vesical (unas ganas irrefrenables y súbitas de orinar).

El tratamiento por parte de la fisioterapia en estos casos es la manipulación visceral. Ahí encontramos la interrelación de estructura y función entre los órganos internos y la sintomatología funcional. 

Este abordaje se complementa con tecnología avanzada como la tecarterapia o radiofrecuencia y en muchos casos puede funcionar la neuromodulación.

Nota a recordar

Si te escuece al hacer pis, primero hay que descartar ITU activa. Si no hay bicho, probablemente exista una sobrexcitación neurovegetativa del área urovesical y esfinteriana. Pide cita con tu fisioterapeuta especialista en suelo pélvico.

Referencias

  • Baker PK. Musculoskeletal problems. Steege JF, Levy BS. Chronic pelvic pain: an integrated approach. Philadelphia: WB Saunders; 1998.
  • Cantu RI, Grodin AJ, Stanborough RW. Myofascial manipulation: theory and clinical application. New York: Aspen; 1992.
  • FitzGerald MP, Kotarinos R. Rehabilitation of the short pelvic fl oor. I: background and patient evaluation. Int Urogynecol J Pelvic Floor Dysfunct. 2003.



Laura Pastor. Fisioterapeuta y psiconeuroinmunóloga clínica. Especialista en reeducación uroginecológica y salud sexual.