Endometriosis y dispareunia profunda

Aproximadamente 1 de cada 10 mujeres en edad reproductiva padece endometriosis, y la mitad de estas mujeres experimentan dispareunia profunda de moderada a grave.

La endometriosis es una patología que afecta aproximadamente al 10% de las mujeres en edad fértil y es una causa común de infertilidad, disfunción sexual y dolor pélvico. La endometriosis conlleva la presencia de células endometriales ectópicas: las células endometriales que en condiciones normales están dentro del útero, se localizan también en otros tejidos y se adhieren al peritoneo, a los órganos reproductivos (ovarios, trompas uterinas...) o a otros órganos de la cavidad abdominopélvica.

Teniendo en cuenta su forma y su lugar de presentación, distinguimos tres tipos de endometriosis: peritoneal superficial, ovárica y profunda.

La endometriosis se asocia con dismenorrea, dolor pélvico crónico, problemas intestinales y dolor en las relaciones sexuales. La dispareunia suele ser profunda, afectando aproximadamente al 50% de las mujeres con endometriosis.

La terapia hormonal y la cirugía no siempre resuelven los síntomas de la endometriosis por lo que siguen siendo muy necesarios los esfuerzos por estudiar su fisiopatología.

La endometriosis presenta muchas veces comorbilidad con otros síntomas o síndromes, como es el síndrome de vejiga dolorosa (anteriormente conocido como cistitis intersticial) o el síndrome doloroso vulvar (vulvodinia, vestibulodinia).

El origen miofascial del dolor y la sensibilización central también son aspectos a valorar en mujeres con endometriosis. El dolor miofascial suele implicar puntos gatillo (activos o latentes) en el elevador del ano o en el diafragma urogenital (cara anterior de la vagina).

La sensibilización central puede manifestarse como hiperalgesia y alodinia y requiere de un abordaje terapéutico específico.

Porqué duelen las relaciones sexuales en la endometriosis

Durante el coito, se establece impacto directo con algunas estructuras pélvicas que se sitúan en relación con la cúpula vaginal, pudiéndose producir dolor en la penetración. Estas estructuras incluyen el fondo de saco de Douglas, el cérvix, el útero, el suelo pélvico y la vejiga, zonas donde también es habitual encontrar lesiones endometriales.

Varios estudios (este y este) donde se comparan poblaciones de mujeres con endometriosis y mujeres sanas, han revelado una mayor densidad de haces nerviosos en las lesiones endometriales del fondo de saco de Douglas, junto con un incremento de la actividad inmune y del factor de crecimiento nervioso. Estos factores combinados parecen contribuir a la dispareunia profunda.

También se ha encontrado una inflamación local del tejido mediada por cicloxigenasa COX-2 y prostaglandina PGE2, la cual unida al efecto proliferativo y activador de los estrógenos, también parecen un caldo de cultivo propicio para el dolor en las relaciones coitales. 

La endometriosis debe abordarse desde diferentes perspectivas, considerando la terapia integradora donde se incluya la psiconeuroinmunología clínica y la fisioterapia pélvica.

El tratamiento de los síntomas asociados a la endometriosis debe ser multidisciplinar y deben englobar entre otros, al sistema inmune, nervioso, miofascial y visceral. Además del impacto somático y orgánico, no olvidemos la esfera biopsicosocial de todas las mujeres con endometriosis. De nuevo, el trabajo interdisciplinar por y para la paciente es fundamental en el tratamiento de la endometriosis.


Laura Pastor. Fisioterapeuta especialista en reeducación uroginecológica. Fisiosexóloga. Psiconeuroinmunóloga clínica.