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Huevos de yoni: ni son ancestrales, ni son buenos para tu suelo pélvico

15.01.2026

Los llamados huevos de yoni, también conocidos como huevos de jade o yoni eggs, son objetos de piedra pulida, generalmente con forma ovalada o elipsoidal, diseñados para ser introducidos en la vagina. Se comercializan dentro de la industria del bienestar, la espiritualidad femenina y la salud alternativa, y suelen asociarse a promesas de fortalecimiento del suelo pélvico, mejora de la sensibilidad sexual, equilibrio hormonal o activación de la "energía femenina". 

El término "yoni", de origen sánscrito, significa "útero" o "vagina" y posee una profunda carga simbólica en tradiciones espirituales del sur de Asia. Sin embargo, su uso en este contexto no implica que el dispositivo tenga una tradición médica documentada ni en India ni en China.

La narrativa que acompaña su venta es poderosa. Se habla de emperatrices taoístas, secretos transmitidos en palacios imperiales y técnicas milenarias para conservar juventud y vitalidad.

El atractivo reside en la combinación de misticismo oriental, sexualidad sagrada y una promesa de autocuidado íntimo. Pero la pregunta relevante no es si el relato es seductor, sino si está respaldado por la historia y la evidencia científica.

Los materiales: piedra natural, no dispositivo médico

Aunque el jade es el material más promocionado, la realidad es más amplia. En el mercado encontramos huevos fabricados con jadeíta o nefrita (dos minerales distintos comercializados bajo el mismo nombre), pero también con cuarzo rosa, amatista, obsidiana e incluso serpentina, a veces vendida como "jade auténtico" por ser más económica. Cada una de estas piedras posee connotaciones energéticas dentro del discurso comercial, pero ninguna fue desarrollada como material sanitario.

Desde el punto de vista biomédico, esto es relevante. Las piedras naturales talladas no están reguladas como dispositivos médicos en la mayoría de países, no suelen contar con certificación de biocompatibilidad específica para uso intravaginal y pueden presentar micro-porosidad, aunque su superficie parezca lisa al tacto. Esa microestructura puede dificultar la esterilización completa y favorecer la retención de microorganismos. En medicina, los materiales indicados para inserción vaginal suelen ser no porosos, esterilizables y de grado médico, como determinadas siliconas certificadas. Las piedras naturales no fueron diseñadas con esos criterios.

El mito del origen ancestral chino

Uno de los pilares de su comercialización es la afirmación de que se trata de una práctica milenaria de la China taoísta. Se sostiene que mujeres de la corte imperial utilizaban huevos de jade para fortalecer el suelo pélvico y cultivar la energía vital o chi, preservando así juventud y poder sexual. Esta idea se ha repetido tanto que muchas personas la dan por cierta.

Sin embargo, la evidencia arqueológica disponible no respalda esa afirmación. En 2019, la ginecóloga Jen Gunter y la arqueóloga Sarah Parcak publicaron en Female Pelvic Medicine & Reconstructive Surgery el estudio titulado "Vaginal Jade Eggs: Ancient Chinese Practice or Modern Marketing Myth?". Analizaron más de cinco mil artefactos de jade procedentes de contextos arqueológicos chinos y no identificaron evidencia de uso vaginal ni asociación con prácticas médicas o sexuales.

No aparecen menciones en tratados clásicos de medicina china como el Huangdi Neijing, ni en textos taoístas sobre alquimia interna, ni en literatura erótica antigua. Tampoco se han encontrado artefactos con huellas de desgaste o residuos biológicos compatibles con uso intravaginal. 

La conclusión del estudio es clara: no existe respaldo arqueológico ni textual para considerar los huevos de jade como una práctica ginecológica ancestral.

Qué sí era el jade en la antigua China

El hecho de que los huevos de yoni no tengan base histórica no significa que el jade no fuera importante en la antigua China. Al contrario, era uno de los materiales más valorados, asociado a pureza, longevidad, poder espiritual y estatus social. Se utilizaba en contextos rituales, ceremoniales y funerarios, especialmente entre las élites.

Entre los objetos más conocidos se encuentran los discos bi, piezas circulares con un orificio central que simbolizaban el cielo y se han encontrado desde el Neolítico, y los tubos cong, de sección cuadrada exterior y circular interior, asociados a la cultura Liangzhu. También destacan los sudarios de jade de la dinastía Han, compuestos por miles de pequeñas placas unidas para envolver el cuerpo del difunto como símbolo de preservación espiritual. Todos estos objetos tenían funciones simbólicas y rituales, no ginecológicas.

La confusión parece surgir de una reinterpretación moderna de estos artefactos. El jade era sagrado. El taoísmo hablaba de energía vital. A partir de ahí, el marketing construyó una narrativa que une ambos elementos sin que exista conexión histórica documentada.

De práctica "milenaria" a fenómeno de bienestar contemporáneo

La evidencia apunta a que el concepto actual de huevo de yoni emerge en las décadas de 1990 y 2000 dentro de movimientos de espiritualidad femenina vinculados al entorno New Age. En ese contexto se reconfiguran símbolos orientales y se integran en discursos de empoderamiento sexual, sanación energética y reconexión corporal.

A partir de 2015, su difusión se amplificó gracias a celebridades y plataformas de bienestar que los presentaron como herramientas ancestrales redescubiertas. La fuerza del relato fue clave: tradición secreta, sabiduría oriental, poder femenino olvidado. Pero desde el punto de vista histórico, se trata de una construcción contemporánea. Marketing no es arqueología, y narrativa no es tradición.

Qué dice la evidencia médica sobre sus beneficios

En el ámbito clínico, la situación es igualmente clara. No existen ensayos clínicos controlados, estudios aleatorizados ni investigaciones comparativas que demuestren beneficios médicos específicos de los huevos de yoni. No hay evidencia publicada que avale su eficacia para fortalecer el suelo pélvico, mejorar la disfunción sexual, tratar la incontinencia o regular el ciclo hormonal.

Instituciones médicas han advertido sobre esta ausencia de respaldo científico. La Cleveland Clinic, por ejemplo, señala que no hay investigación que sustente los beneficios proclamados y recomienda cautela ante su uso. Las revisiones divulgativas coinciden en que cualquier efecto positivo reportado podría deberse a placebo o al simple hecho de prestar atención consciente a la musculatura pélvica.

Conviene distinguir entre el dispositivo y el entrenamiento muscular. El fortalecimiento del suelo pélvico sí cuenta con evidencia sólida cuando se basa en contracciones activas, voluntarias y correctamente dosificadas, como en los ejercicios de Kegel guiados o en programas de fisioterapia especializada. Introducir un objeto y mantenerlo no garantiza una activación correcta ni sustituye una valoración individualizada.

Riesgos potenciales y contraindicaciones

Aunque a menudo se presentan como naturales y seguros, su uso no está exento de riesgos. La posible micro-porosidad del material puede favorecer infecciones si la limpieza no es rigurosa. También se han descrito casos de irritación vaginal, alteración del pH, microrroturas de la mucosa e incluso dificultad para extraer el objeto si no cuenta con sistema de retirada seguro.

Desde la perspectiva de la salud pélvica, existe otro aspecto relevante: no todas las mujeres necesitan fortalecer el suelo pélvico. En casos de hipertonía, dolor pélvico crónico, vaginismo o dispareunia, añadir peso o mantener contracción sostenida puede agravar los síntomas. Tampoco se recomienda su uso en postparto reciente, tras cirugías ginecológicas o en presencia de infecciones activas sin evaluación profesional previa.

El problema no es solo la falta de evidencia de beneficio, sino la posibilidad de que se utilicen en situaciones donde podrían ser contraproducentes.

Espiritualidad, apropiación cultural y pensamiento crítico

Separar espiritualidad de medicina es fundamental para abordar este tema con claridad. Una persona puede atribuir significado simbólico a un objeto y usarlo como parte de una práctica íntima o ritual personal. Eso pertenece al ámbito de la experiencia subjetiva.

El conflicto surge cuando se invoca una tradición histórica inexistente o se formulan afirmaciones médicas no demostradas para legitimar el producto. Cuando una práctica moderna se presenta como milenaria sin respaldo documental, entramos en el terreno de la apropiación cultural y del uso del prestigio simbólico de otra civilización para reforzar un discurso comercial.

Reconocer que los huevos de yoni son una creación contemporánea no invalida la autonomía personal. Simplemente coloca la decisión en un marco más honesto.

Información antes que narrativa

Los huevos de yoni no fueron una práctica ginecológica documentada en la antigua China. El jade sí fue un material sagrado, pero en contextos rituales y funerarios. Su uso intravaginal es una reinterpretación moderna surgida en el ámbito del bienestar espiritual. Además, no existen estudios clínicos que avalen sus beneficios médicos y sí se han señalado posibles riesgos.

La espiritualidad puede ser una elección personal. El autocuidado también. Pero cuando se invoca la ciencia o la historia para respaldar una práctica, la evidencia importa.

La información no pretende prohibir, sino permitir decisiones informadas. Y en cuestiones de salud íntima, ese matiz lo cambia todo.


Laura Pastor. Directora de Evexia Salut. Fisioterapeuta especialista en reeducación uroginecológica y salud sexual humana. Psiconeuroinmunóloga clínica. Docencia y divulgación.