Sueño y respuesta sexual femenina

La calidad del sueño es esencial para la regulación de los biorritmos, el buen funcionamiento del sistema inmune, metabólico y hormonal, la reparación neuronal... y también contribuye a mantener una óptima respuesta sexual.

Dormir es esencial para la supervivencia humana. La privación del sueño es una verdadera tortura que puede acarrear consecuencias letales. Si no durmieras, morirías. Así de crudo.

La calidad del sueño es esencial para la regulación de los biorritmos, el buen funcionamiento del sistema inmune, metabólico y hormonal, la reparación neuronal... y también contribuye a mantener una óptima respuesta sexual.

Estudios científicos así lo evidencian: dormir bien (tener un sueño que te permita el descanso y la reparación, es decir, un sueño de calidad) parece esencial para la respuesta sexual de la mujer, especialmente en períodos de fluctuaciones y cambios hormonales, como la pubertad, el embarazo, el posparto, la lactancia y la etapa perimenopáusica.

Según la Organización Mundial de la Salud, el sueño y la sexualidad son dos factores determinantes en la calidad de vida de las personas y por tanto, de la salud.

Los trastornos del sueño tienen un impacto importante en la salud general de la mujer, incluyendo su respuesta sexual.

El insomnio es una de las disfunciones del sueño más habituales en las etapas de grandes cambios hormonales como la menopausia. No poder disfrutar de las horas mínimas de sueño que nos aseguren un buen descanso reparador conllevará síntomas muy dispares, un abanico amplio de signos como irritabilidad, fatiga, alteraciones de los ritmos circadianos, déficits de atención, pérdida de memoria, dificultad para concentrarse, lentitud de reflejos o cefaleas. Además, están asociadas afectaciones sobre el sistema inmune y nervioso, haciéndonos más susceptibles a cualquier enfermedad. Y en base a los últimos estudios publicados, la falta de sueño también puede ser un factor de riesgo para los trastornos sexuales.

Hormonas, sueño y respuesta sexual

Para una función sexual saludable es importante tener unos buenos niveles de testosterona, progesterona y estrógeno, hormonas directamente relacionadas con un mayor deseo y excitación. Sabemos que durante el sueño suceden diversos fenómenos entre los que destaca el incremento en la síntesis de algunas hormonas como la hormona del crecimiento, la testosterona o la liberación de neurotransmisores como la acetilcolina (que tiene relación directa con las áreas encefálicas del placer y el orgasmo). De la misma manera, la fluctuación en la síntesis fisiológica de hormonas tales como el estradiol, la oxitocina o la progesterona también condiciona la calidad y las fases del sueño.

Podemos afirmar entonces que la regulación del sueño y la reactividad ante estímulos eróticos están condicionados, entre otros factores, por las hormonas. Por ejemplo, varios estudios como este concluyen que las mujeres que padecen apnea obstructiva del sueño tienen menores niveles de hormonas sexuales y mayor incidencia de disfunciones sexuales, estableciendo una clara relación entre estos tres parámetros.

La vagina se pone en marcha durante la fase R.E.M.

Más datos interesantes acerca del sueño y la respuesta genital son los cambios que se producen en la vagina durante las fase de sueño profundo. Estos cambios implican un aumento de la vasocongestión capilar y un incremento muy alto del volumen sanguíneo en la vagina durante la fase R.E.M. Esta reactividad sucede de una manera muy similar a como le sucede al pene también en esta fase del sueño, con la diferencia que el volumen sanguíneo y la vasocongestión vaginal se sigue manteniendo, aunque en menor grado, en las fases no REM, algo que no sucede en el pene.

Muchos especialistas apuntan que el aumento vascular en el área genital puede ser un mecanismo de mejora del trofismo, oxigenación y reparación endotelial. Pero, a día de hoy, la relación directa entre la fase REM y la respuesta sexual humana es aun un misterio.

El sueño aumenta niveles de andrógenos, mientras que la vigilia está relacionada con su reducción

En este estudio piloto publicado en The Journal of Sexual Medicine también se examinó cómo los cambios en la duración del sueño nocturno, la calidad del sueño y la latencia en el inicio del sueño influyen en la respuesta y la actividad sexual femenina, revelando una vez más la importancia que tiene el buen dormir en la regulación del deseo sexual y la excitación genital. Concretamente, se vio la relación directa entre la duración del sueño y los índices de deseo sexual del día siguiente, e incluso concluyeron que esta relación era independiente de la mayor o menor fatiga que se hubiese experimentado a lo largo del día.

Las horas de sueño son determinantes para la respuesta excitatoria genital

Siguiendo con los datos del mismo estudio, las mujeres con mayor duración promedia del sueño tienen una mejor excitación genital en comparación con las mujeres que duermen menos. Otro aspecto que se comprobó fue el efecto diferencial entre una sola noche sin descansar en comparación con la privación crónica del sueño de calidad: dormir mal puntualmente no influye negativamente en la excitación genital al día siguiente (en este estudio incluso se alcanzan mejores índices de respuesta genital), pero una falta habitual de descanso nocturno sí es contraproducente para la respuesta sexual.

Lo más importante es que estos efectos son independientes de la edad, otras preocupaciones sexuales, el cansancio generado por la actividad diurna o la presencia de la menstruación.

Un sueño de calidad implica disfrutar de más fases REM, lo que significa un beneficio para la vagina ya que es en esa fase del sueño donde la vasocongestión aumenta. 

De la misma manera, menos horas de sueño o tener un sueño ligero que se interrumpe a la mínima, hace decrecer la duración y la cantidad de períodos REM. Quizá esa sea la razón por la que un déficit crónico de sueño nocturno y de calidad incida negativamente en la respuesta excitatoria vaginal.

¿Roncas por la noche?

Como muy bien se explica en este análisis , el síndrome de apnea obstructiva del sueño es una disfunción frecuente que afecta a la población adulta. Sus principales síntomas son excesiva somnolencia diurna junto con afectación en el humor, el ánimo y un progresivo deterioro cognitivo. 

La apnea obstructiva se asocia a mayor riesgo de hipertensión arterial, problemas cardiovasculares... y disfunciones sexuales.

Un signo característico de esta alteración es el ronquido intenso y rítmico que se va interrumpiendo por apneas más o menos largas, y que a continuación se reinicia con un nuevo ronquido o incluso lleva a que la persona se despierte de un respingo. La apnea obstructiva está infradiagnosticada porque una vez más, caemos en la normalización de síntomas: roncar eventualmente no tiene porqué implicar una enfermedad, pero hacerlo de manera crónica y percibiendo además falta de descanso y sueño diurno, no es normal.

La apnea obstructiva evita el sueño de calidad e interfiere en las fases del sueño, restando fases REM reparadoras, evitando que los genitales se nutran gracias a la vasocongestión e inhibiendo los ritmos endocrinos de la síntesis de andrógenos o parathormona.

Este síndrome es más frecuente en el hombre, sin embargo, los índices aumentan drásticamente en la mujer a partir de la menopausia.

Queda bastante clara la importancia de cuidar nuestra calidad del sueño debido a su relación directa con el deseo sexual y la actividad sexual. Aunque una noche de pérdida de sueño parece mejorar la excitación genital al día siguiente, el insomnio puede significar un importante factor de riesgo de disfunción sexual. 

¡Cuida tus hábitos diarios! Mantén una buena higiene del sueño para prevenir trastornos de la salud, incluida la esfera sexual.


Laura Pastor. Fisioterapeuta especialista en reeducación uroginecológica y sexología. Psiconeuroinmunóloga clínica.